¡PURA SANGRE ROJINEGRA!
El Capitán Xoloitzcuintle relató cómo superó el problema sanguíneo que lo tuvo cerca del retiro

En una etapa muy dura de su vida, Pablo César Aguilar estuvo cerca de colgar los botines. Una rara enfermedad sanguínea –clínicamente denominada Púrpura Trombocitopénica Idiopática- no le permitía generar la cantidad suficiente de plaquetas; los doctores le sugirieron dejar cualquier actividad física y literalmente le recomendaron “vivir entre algodones”. Nada de eso para el guerrero guaraní, quien venció tal problema para consagrarse como un defensa central de élite a través de sus años jugando al futbol.

“Después de salir campeón en Paraguay con el Sportivo Luqueño, fui transferido a Colón de Santa Fe en Argentina, pasé a San Luis Potosí, y volví a Argentina. En Arsenal de Sarandí me detectaron esa enfermedad”, recordó el Capitán Xoloitzcuintle a XoloMagazine.

“Los doctores decían que no podía jugar, que tenía que vivir entre algodones, ahí se me vino el mundo abajo, dejé de jugar seis meses y pensaba en el retiro. En Sportivo Luqueño me ayudaron, me medicaron, seguimos un tratamiento, llegué a jugar nuevamente, gracias a eso regresé a mi selección, y ahí surgió la oportunidad de venir a Tijuana”, explicó.

LA OPERACIÓN QUE ERRADICÓ LA ENFERMEDAD
Para dejar atrás el problema de la producción de plaquetas en su sangre, Aguilar tuvo que someterse a una operación para que se le extirpara el bazo.

“Tras dos años en Tijuana, con el campeonato de 2012, la Libertadores 2013, decidí operarme porque los tratamientos que había hecho no me ayudaban en nada, hablamos con los directivos, los doctores, me extirparon el bazo y al día siguiente subieron las plaquetas”, comentó Pablo.

EL GOL MÁS SIGNIFICATIVO DE SU CARRERA, HECHO EN EL ESTADIO CALIENTE
En 2012, Pablo era un elemento regular en las convocatorias de la selección de Paraguay, sin embargo, para los médicos del representativo guaraní, el problema de salud de Aguilar era irreversible en aquel momento y determinaron darlo de baja del equipo nacional, además recomendaron al defensor central dejar el futbol; era la segunda ocasión que se le presentaba dicho panorama.

Sin embargo, y también por segunda ocasión, Aguilar no aceptó el diagnóstico, dejó la selección y se presentó en la Frontera. Apoyado por el cuerpo médico del Club Tijuana, dos días después que los mismos doctores de su país le negaban la posibilidad de continuar con su carrera, Pablo se puso la camiseta Xoloitzcuintle y marcó un gol en un duelo ante el Veracruz, un momento cumbre en su trayectoria.

“Ese día le pedí al Turco Mohamed que quería jugar ese partido, ya todo lo que había sufrido con esa enfermedad, no lo quería volver a vivir, y sabía que todo iba a salir bien, me dije, ese partido lo tengo que jugar y demostrar que si dios está conmigo, nadie está en mi contra. Después marque ese gol y lo grité como nunca he gritado otro gol”, recordó.

DE LA PORTERÍA, A LA ZAGA CENTRAL
El sueño de Pablo César en su infancia era convertirse en portero. “Quería asegurar un lugar en los equipos”, recuerda entre risas el paraguayo crecido en la región de Ykua Karanda’y (que en guaraní significa “Lugar de palmeras y agua”).

“Mi papá, Aquiles Aguilar, era central y cuando me vieron me pusieron en el puesto que jugaba mi papá, ahí comenzó todo. Jugué de central en toda la escuela, las inferiores, debuté en primera como lateral, pero después me quedé en la central”, dijo.

EL REGRESO A TIJUANA
Campeón del torneo Apertura 2012, referente de la historia del Club Tijuana, Pablo sabía que volvería a defender la camiseta Xoloitzcuintle.

“Dejamos una huella importante en el club, tan poco que llevábamos de vida y conseguimos un título, fue alfo emocionante lo que se vivió, como lo sentimos, nunca dejé de seguir al club, siempre miraba los partidos, siempre hablaba con los amigos que dejé acá, estando en América decía que le debía mucho a Xolos y es hora de pagar esa deuda que tengo”, concluyó.